La voz que solo ve lo que faltó (y no lo que se logró)

¿Cuántas veces, después de terminar una reunión, un proyecto o una presentación, tu mente se queda pegada solo en lo que no salió perfecto?

Esa vocecita interna que dice: “faltó esto, podrías haber dicho aquello, no estuvo tan bien como esperabas…”

Lo curioso es que esa misma voz olvida todo lo que SÍ salió bien. Lo que lograste, lo que avanzaste, lo que sorprendió incluso por encima de tus propias expectativas.

A mí me pasó muchas veces. Hasta que aprendí algo que cambió mi manera de verlo: premiarme y reconocerme.

Cuando cierro un proceso de coaching, cuando una sesión supera lo esperado o cuando termino un trabajo importante, me regalo un café, un libro o algo rico. No es un lujo: es una forma de recordarme que “lo hice bien”.

Celebrar lo que logramos no es vanidad. Es recordarnos que el crecimiento también se construye en los avances, no solo en lo pendiente.

Porque si no aprendemos a felicitar(nos), esa voz crítica seguirá ganando espacio. Y todos necesitamos —de vez en cuando— apagarla y darnos permiso para celebrar.

Scroll al inicio