La ansiedad en niños: se calma cuando se nombra

Cuando un niño siente ansiedad, su cuerpo y su mente reaccionan como si estuvieran frente a un peligro real. Aunque a veces ese “peligro” sea solo un examen, una separación o una situación nueva. Detrás de esas reacciones hay algo muy concreto: el cerebro.

En momentos de ansiedad, la amígdala, una estructura pequeña y primitiva encargada de detectar amenazas, se activa con fuerza. Es la que hace que el corazón lata más rápido, que las manos suden y que el cuerpo se prepare para “huir o luchar”.

Pero cuando esa señal aparece demasiado seguido, el lóbulo frontal —la parte del cerebro que nos ayuda a pensar, razonar y calmar— queda en pausa. En los niños, ese lóbulo aún está madurando, por lo que necesitan del adulto para aprender a poner palabras y calma a lo que sienten.

Por eso, el primer paso no es eliminar la ansiedad, sino ayudar al niño a reconocerla.

Nombrar para entender

Muchos niños no dicen “estoy ansioso”. Dicen “me duele la guatita”, “no quiero ir”, “tengo miedo”. Cuando no se nombra la ansiedad, se confunde con el propio niño: “soy ansioso” en lugar de “siento ansiedad”. Y aquí aparece algo fundamental: nombrar no agranda la emoción, la hace visible.

Lo que se puede ver, se puede acompañar.

Una estrategia muy útil es externalizar la ansiedad: transformarla en algo que se pueda observar, dibujar o imaginar. Algunos padres y psicólogos invitan a los niños a inventar un personaje:

  • “La nubecita inquieta.”
  • “El dragón que aprieta la guata.”
  • “El bicho de los nervios.”

Cuando el niño le pone nombre o forma, puede conversar con ella:  “Parece que hoy vino la nubecita… ¿qué podemos hacer para que se calme?”

Esa distancia simbólica ayuda al niño a entender que él no es su ansiedad, y que puede aprender a manejarla.

Cómo acompañar desde casa

Algunos gestos sencillos pueden marcar una gran diferencia:

☁️ Nombrar sin juicio: “Parece que la ansiedad vino de visita hoy.”

🌿 Modelar calma: los niños aprenden más de cómo los adultos enfrentan la ansiedad que de lo que se les dice sobre ella.

🖍️ Crear rituales de regulación: dibujar la emoción, hacer respiraciones juntos o escribirle una carta al personaje ansioso.

💬 Validar antes de enseñar: escuchar y acoger el miedo antes de explicar qué hacer con él.

🚶‍♀️ Evitar sobreproteger: acompañar sin eliminar toda incomodidad. Que el niño descubra que puede tolerar lo que siente.

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Un paso a la vez

La ansiedad no es un enemigo. Es una señal que el cuerpo envía para avisar que algo importa.

Cuando un niño aprende a reconocerla, a nombrarla y a entender que puede calmarse, desarrolla una herramienta que le servirá toda la vida. Y cuando un adulto acompaña con paciencia y sin miedo, le enseña que él es más grande que su ansiedad.

Cuando un niño logra decir “tengo ansiedad” en vez de “soy ansioso”, ya ha dado el primer paso hacia la calma.

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