A veces creemos que el cambio ocurre cuando encontramos la respuesta correcta… Pero con el tiempo, uno aprende que lo verdaderamente transformador no siempre está en las respuestas… sino en las preguntas que nos atrevemos a hacernos.
Hay preguntas que invitan a detenerse.. Preguntas que incomodan, que remueven, que nos hacen mirar un rincón que habíamos dejado en silencio. Y hay otras que abren posibilidades, que nos devuelven la confianza, que nos permiten descubrir lo que ya sabíamos, pero habíamos olvidado.
En una sesión, no se trata de encontrar soluciones inmediatas, sino de construir sentido. Cada pregunta es como una llave: algunas abren puertas que ya conocíamos, otras nos sorprenden al mostrar caminos que nunca habíamos considerado.
Antes de cada encuentro, suelo repasar lo conversado, pensar en avances posibles o rutas que podrían ser útiles. Pero en el momento de la conversación, todo eso se suelta. Lo que guía no es un guión, sino la presencia. Escuchar de verdad, conectar, y confiar en que la pregunta justa aparecerá cuando tenga que aparecer.
Porque una pregunta poderosa no se impone: se ofrece con cercanía y respeto. Surge desde la empatía, desde la comprensión profunda de lo que la otra persona necesita explorar. Y cuando llega, genera un silencio especial. Ese instante en que el otro se queda pensando, mirando hacia adentro… ahí comienza el verdadero trabajo.
Las preguntas poderosas no buscan controlar ni dirigir; buscan abrir. Son un recordatorio de que las respuestas ya habitan en nosotros, esperando el momento para ser escuchadas.
Algunas de mis favoritas son simples, pero llenas de posibilidad:
- ¿Qué de eso depende de ti?
- ¿Qué pasará cuando lo logres?
- ¿Qué será distinto cuando lo consigas?
No hay una fórmula única. Cada pregunta es distinta porque cada persona lo es. Pero todas comparten algo: generan movimiento. Y el movimiento, por pequeño que sea, siempre es un signo de vida.
Si hoy estás en un momento de búsqueda, de decisiones o simplemente de pausa, quizás no necesites una respuesta inmediata. Tal vez lo que realmente necesites… sea una buena pregunta.
☕️Te invito a hacerte una hoy. A detenerte, respirar y preguntarte con honestidad:
¿Qué necesito de mí en este momento?


